Riot V en Lima: El ápice del Heavy Metal
Reseña por Mauricio Bryson - 15.09.24
"Nunca nos rendiremos, nos mantendremos firmes", parece resonar con cada nota que Riot V tocó durante su épico concierto, tal cual expresa la letra de una de las canciones de sus más aclamados discos, en la que fue una noche que los fanáticos del heavy metal recordarán por siempre.
En una noche marcada por la pasión, la historia y la devoción, lo que se vivió fue mucho más que un concierto; fue una oda al legado de Riot, la banda que ha sido un faro para los fanáticos del heavy metal a lo largo de generaciones.

El espectáculo, organizado por Danger Steel, arrancó con la banda peruana Armadura, que ofreció una actuación poderosa, cargada de un heavy metal de altísima calidad. Su energía desbordante dejó al público listo para lo que se convertiría en una de las exhibiciones musicales más impactantes del año.
La noche prometía grandeza desde el momento en que las luces del escenario se atenuaron, y los primeros acordes de "Hail To The Warriors" rompieron el silencio. Como si el propio espíritu de Mark Reale se manifestara, Riot V arrancó con una energía arrolladora que no dejó a nadie indiferente.


La banda no perdió tiempo en encender los corazones con temas icónicos que encapsulan la esencia del metal de Riot: "Fight Or Fall", “Fire Down Under” y "Outlaw" recordaron a los presentes por qué esta banda ha sido un pilar en el heavy metal durante décadas. El público, con los puños en alto, se entregaba por completo a cada riff afilado y a cada grito épico.
La química entre los miembros de Riot V fue innegable. Mike Flyntz y Jonathan Reinheimer en las guitarras se batían en duelos eléctricos, creando una atmósfera en la que cada nota vibraba en lo más profundo del alma. Frank Gilchriest en la batería y Don Van Stavern en el bajo aportaban una base sólida y arrolladora que no daba tregua. Mención aparte merece Todd Michael Hall, cuya voz fue el verdadero corazón de la noche.

Con una potencia que no solo estremeció al público, sino que tocó el alma de cada uno de los presentes, Hall ofreció una entrega total en cada nota, dejando en claro por qué es uno de los vocalistas más extraordinarios del metal en la actualidad.
Su presencia imponente y la profunda emoción que transmitió hicieron que cada canción no solo se escuchara, sino que se sintiera en lo más profundo, demostrando que su voz es mucho más que técnica: es pura pasión y fuerza, una energía imparable que dejó una huella imborrable en todos los que tuvimos la suerte de estar presentes.
La noche avanzó con temas de los últimos discos, como “Victory”, “Feel The Fire” y “Bring The Hammer Down”, cada uno interpretado con una precisión impecable y una maestría que dejó al público fascinado, destacando la calidad del repertorio de la era con Todd Hall.
El setlist fue un verdadero homenaje a la trayectoria de Riot, mezclando clásicos como "On Your Knees", "Road Racin’” y "Warrior" con piezas más recientes como “Bring The Hammer Down”, “Love Beyond The Grave” y “Take Me Back”, todas ejecutadas con una energía arrolladora y una precisión perfecta, mostrando la inquebrantable fuerza de la banda.
Pero fue en momentos como "Johnny’s Back” y “Restless Breed” donde el legado de la banda realmente brilló, pues el público se unió en un canto colectivo, como si fueran parte de esa hermandad guerrera que Riot siempre ha representado.


Uno de los momentos más emotivos de la noche llegó con "Bloodstreets". Las melodías sombrías y poderosas envolvieron el recinto, y se sintió como si cada uno de los presentes estuviera conectado a un recuerdo, una emoción guardada, mientras la música atravesaba sus corazones.
La melodía evocadora y las letras poderosas hicieron que todos los presentes sintieran el peso de la historia que llevan consigo.

Conforme la noche avanzaba, los fanáticos se sumergieron en la velocidad y el poder de temas como “Flight Of The Warrior", "Swords And Tequila" y la épica “Thundersteel", donde cada solo de guitarra levantaba al público en una ola de euforia.
Fue una embestida de puro metal, y la banda, incansable, seguía impulsando esa avalancha sonora que llevó al público a un estado de frenesí absoluto.
Y aunque parecía que la noche no podía ofrecer más, llegó el esperado encore. Los fans, completamente entregados, sabían que el cierre sería algo épico. Y no se equivocaron. "Sign Of The Crimson Storm", "Magic Maker" y la explosiva "Angels Thunder" fueron la coronación perfecta para una noche llena de emoción y entrega.
Cada uno de estos temas fue recibido con un frenesí indescriptible, como si los fans supieran que estaban presenciando algo más que un simple concierto: estaban siendo parte de un legado, de una historia que sigue escribiéndose con fuego y acero.

Cuando las luces finalmente se apagaron y la banda dejó el escenario, el público quedó envuelto en una mezcla de euforia y nostalgia. Sabían que acababan de ser parte de algo único, un ritual que, a través de la música, nos conecta con lo más profundo de nuestro ser.


Al final de la noche, quedó claro que Riot V no solo mantiene viva la leyenda, sino que la engrandece con cada show.
Con una entrega inquebrantable y un amor absoluto por el heavy metal, la banda nos regaló un concierto que vibró en cada acorde y resonó en cada alma.
Gracias, Riot V, por mantener el espíritu del metal más vivo que nunca, por su pasión desbordante y por hacernos sentir parte de algo épico. En cada canción, en cada emoción compartida, demostraron que su lugar en el panteón del metal está más que asegurado, y que su legado sigue creciendo con fuerza imparable.








