Motorama en Lima: una noche post-punk en el Leguía

Motorama en Lima: una noche post-punk en el Leguía

Buena parte de público post-punk limeño se reunió de nuevo el pasado 6 de noviembre, esta vez en el Centro de Convenciones Leguía, para recibir por séptima vez a Motorama. Sí, leíste bien, séptima vez.


Reseña por: Silvia Castillo


La cola fuera del recinto se iba formando desde temprano para quienes no querían perderse la oportunidad de estar en primera fila, y entre las típicas nuevas amistades que formas esperando en un concierto, comienzas a escuchar los testimonios que forman la historia de esta banda rusa en el Perú: “vine desde La Oroya a verlos”, ¿Es verdad que alguna vez tocaron ahí?”, “Claro, fue en el 2014, los mineros allá escuchan Motorama”.

Fue un 8 de febrero de 2014 cuando la banda proveniente de Rostov-on-Don visitó La Oroya después de haber tenido ya dos fechas en Lima, y a partir de aquel momento se creó el mito alrededor de dicho concierto, como si fuera demasiado improbable que una banda de esa envergadura se preocupara por visitar una ciudad más que nuestra capital. Como una grata postal de recuerdo se conoce una foto algo pixelada donde aparecen los cinco miembros de la banda, posan con las manos en los bolsillos, ¿posiblemente cuestionándose si La Oroya es tan fría como su natal Rusia?; Airin Parshina, la del característico bajo, lleva unas flores en la mano delante de un mural que reza el nombre de la ciudad.

Motorama fue acumulando tres visitas en Perú en el 2015 (una en Arequipa, como para no perder la costumbre de visitar algo más que Lima), y después en los años 2016, 2018, 2019, 2024 y ahora 2025 en el Leguía, diferente al resto de recintos que siempre han ocupado en este país: las discotecas Mangos, Nébula, y Coco’s, esta última donde prepararon un escenario especial al centro de la pista de baile para una mejor experiencia sonora. Los rusos no se han cansado de tener detalles con el Perú.

Y el concierto del pasado noviembre no fue la excepción. Con una bandera del escudo de armas de su natal Rostov-on-Don colgada en uno de los parlantes se anticipaba la entrada de la banda más representativa del post-punk ruso. Desde “This Night” el público peruano sacó a relucir lo que siempre le ha ofrecido a esta banda: euforia.

El esperado setlist

Con Motorama el pogo nunca se hace esperar, la gente saltó constantemente con “Red Drop”, “To The South”, e incluso “Wind in her hair”. Pero uno de los momentos más especiales siempre ha sido escuchar “Alps”, cuando los asistentes comienzan a corear desde la intro algo que parece nacerles de forma innata al escuchar tan envolventes notas de la guitarra. Unos cuantos asistentes lo comienzan, no es la letra de la canción, sino la verbalización del sentimiento; el resto del público en el Leguía lo sigue, corean por instinto ese acompañamiento melódico inventado en el instante.

Natural, automático, y espontáneo. Era la inconsciente necesidad del público peruano de hacerle saber a la banda: esto es lo que nos hacen sentir.

En el rostro de los integrantes rusos parece asomarse una sonrisa tímida al ver tanta entrega, al ver que el público peruano no daba descanso, y al ver incluso a una persona siendo alzada en brazos por los asistentes en medio del pogo. Hubo otros momentos para una ruidosa calma con “Rose in the vase” y “Sailor’s song”, canciones que transmiten con su bajo aquella hermosamente triste melodía que se ha vuelto su carta de presentación. 

Con “Anchor” y “One Moment” el público pudo volver a conjugar lo que Motorama es y transmite, la dulzura tocante de sus letras, una reflexión de nuestro fuero interno, y la exploración de sentimientos profundos y taciturnos que no sabemos bien cómo explicar, pero que cobran sentido en la grave voz de Vladislav Parshin, y en la casi violenta batería de Mikhail Nikulin.

Hasta una próxima visita

Al despedirse, los rusos tienen un brillo en sus miradas, se refleja la alegría y la conexión con el público peruano. Esta fecha, como las anteriores citadas aquí, sigue afianzando el lugar del Perú en el corazón de Motorama, y demuestra que nuestro país se ha vuelto una parada obligatoria para las bandas del post-punk actual.

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