Metal eterno: La noche mágica de Megadeth en Perú
Reseña por Mauricio Bryson 06.04.24
En una explosión de riffs poderosos y letras icónicas, Megadeth regresó a los escenarios para ofrecer un concierto que quedará grabado en la memoria de todos los presentes.

Bajo el manto del metal más auténtico y con la entrega inconfundible de Dave Mustaine y su banda, el público se sumergió en una experiencia sonora única, reviviendo los himnos que han marcado generaciones y sintiendo la adrenalina de un espectáculo inigualable.
El show, organizado por Kandavu Entertainment, inició con la banda peruana Difonía con una presentación intensa y con una muy buena respuesta por parte de los asistentes, anticipando lo que sería una de las noches más potentes del año.
En la oscuridad envolvente del recinto, los acordes de una guitarra eléctrica comenzaron a resonar, provocando un estremecimiento colectivo entre los presentes. No había duda: Megadeth había tomado el escenario. Fue una noche que prometía ser inolvidable, y así fue.
Desde el primer momento, la banda demostró por qué es una de las grandes leyendas del metal. Dave Mustaine, con su icónica presencia y voz característica, nos llevó por un viaje lleno de pasión y energía. La conexión con el público fue inmediata y palpable; cada acorde, cada grito, cada nota tocada era un eco de la historia del metal que resonaba en el corazón de todos los asistentes. En esta tercera visita de la banda a nuestro país, se presenció una formación sólida y con nombres de peso para la escena metal: Dave Mustaine (guitarra y voz), Teemu Mäntysaari (guitarra), James LoMenzo (bajo) y Dirk Verbeuren (batería), todos de una amplia experiencia e impecables en ejecución. La noche arrancó con “The Sick, the Dying... and the Dead!", canción perteneciente a la última producción de la banda y “Dread and the Fugitive Mind”.
Desde los primeros acordes, la atmósfera se cargó de electricidad y expectación. Las manos se alzaron al cielo, los cuerpos se movieron al ritmo frenético de la música, y el espíritu del metal se apoderó de cada rincón del lugar.
La banda nos sorprendió con un regalo especial para los aficionados más veteranos y fieles: "Devil's Island", una joya que no había sido interpretada en más de una década. Este clásico, cargado de intensidad y con sus distintivos riffs, provocó una explosión de emociones entre el público, reafirmando la versatilidad y el profundo repertorio de Megadeth. El ambiente se llenó de nostalgia y admiración, reconociendo el gesto de la banda por rescatar del olvido una canción tan emblemática y querida por sus seguidores.

A continuación, la energía se mantuvo en su punto álgido con "Hangar 18", “Wake Up Dead” y la icónica “In My Darkest Hour”. La precisión y potencia con la que la banda ejecutó estos clásicos fue una demostración de su maestría y su capacidad para mantener al público en vilo, creando un ambiente íntimo y conmovedor, donde cada sonido resonaba en los corazones de los presentes. "Sweating Bullets" irrumpió en escena con su ritmo pegajoso y su letra llena de paranoia.
La interpretación teatral de Mustaine, sumergiéndose en la narrativa de la canción, añadió un toque especial y teatral al espectáculo.
Tras la intensa interpretación de "Sweating Bullets" y una palabras de Mustaine para el público peruano, la noche continuó elevando la temperatura con "Hook in Mouth". Esta pieza cargada de crítica y rebeldía mantuvo el ímpetu y la energía del concierto en su punto más alto, demostrando una vez más la habilidad de Megadeth para fusionar riffs de guitarra potentes y memorables.
Y luego, llegó el momento cumbre con "Tornado of Souls". Esta canción, conocida por su complejidad instrumental y su emotiva letra, desató una tormenta de emociones entre los presentes.
El solo ejecutado a la perfección por Teemu Mäntysaari fue simplemente sublime...

Pero la magia de Megadeth también reside en su capacidad para equilibrar la brutalidad con la sensibilidad. Fue con la melódica y profunda "A Tout le Monde" que la atmósfera cambió, sumiéndonos en una quietud llena de nostalgia y reflexión. Los acordes se deslizaban suavemente, mientras las luces se tornaban más tenues, permitiendo que la vulnerabilidad de la música y la voz de Mustaine nos alcanzaran en lo más hondo.
El inconfundible riff de "Symphony of Destruction" resonó con fuerza, desatando un torrente de emoción y euforia entre los asistentes. Este himno del metal, que ha sido el estandarte de Megadeth a lo largo de los años, fue recibido con un coro ensordecedor por parte del público con la frase “Perú es Megadeth”. La combinación de la potente voz de Dave Mustaine, los riffs contundentes y la letra provocadora hicieron que este clásico retumbara con una intensidad indescriptible, consolidando aún más la conexión entre la banda y sus fieles seguidores.
Megadeth nos ofreció una tríada final que dejó una marca imborrable en la noche. "Peace Sells" resonó con su característico bajo pulsante y su letra mordaz, convirtiéndose en un grito unificado de rebeldía. El icónico estribillo fue coreado con fervor por la multitud, demostrando una vez más la influencia duradera de esta canción en el mundo del metal.

A continuación, la frenética "Mechanix" aceleró el ritmo, llevando la intensidad del concierto a nuevas alturas. Con sus riffs vertiginosos y su letra llena de energía, la ejecución impecable de Megadeth en esta pieza dejó a los presentes pasmados. Los solos de guitarra de Mustaine desataron un torbellino de emociones, mientras que la base rítmica de LoMenzo y Verbeuren mantenía el pulso frenético del tema, consolidando la maestría y la potencia de la banda.
Y como colofón final, "Holy Wars... The Punishment Due" irrumpió en escena, consolidando el clímax de la noche con su complejidad instrumental y su narrativa apocalíptica. Esta epopeya del metal, con sus cambios de ritmo, sus solos virtuosos y su poderoso mensaje, fue el broche de oro perfecto para una noche llena de emociones intensas y momentos inolvidables.
Una mención especial para el público de Lima que estuvo totalmente entregado a la banda con una increíble energía y cantando con pasión cada uno de sus himnos. Éramos una sola entidad, una masa de almas vibrantes y unidas por la música de Megadeth. Con cada palabra cantada, cada acorde final, sentimos que éramos parte de algo más grande, de una comunidad que trasciende el tiempo y el espacio.

El concierto de Megadeth fue mucho más que un evento musical: fue un viaje emocional, una experiencia catártica que nos permitió conectar con nuestras más profundas pasiones y recuerdos.
Fue un momento sagrado donde la música, la pasión y la energía se fusionaron en una sinfonía inolvidable. Megadeth, con su inigualable talento y entrega, nos recordó por qué son leyendas indiscutibles del metal. Bajo las luces y al ritmo de sus icónicas canciones, celebramos la vida, la rebeldía y la eterna conexión entre una banda y sus fieles seguidores. Esta noche, cargada de magia y nostalgia, será un recuerdo imborrable en nuestras almas, un testimonio vibrante del impacto duradero y la magia del metal.
¡Perú es Megadeth!
